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Panorama Académico

Cultura para la paz

Redacción

Publicado

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Por Laura Gemma Flores

Si bien la historia de la humanidad ha sido construida a base de una dialéctica de grupos étnicos, naciones, países, polos de desarrollo y guerras intestinas que han configurado la cartografía actual; el contexto contemporáneo exige el análisis y la capacidad de resolución de los conflictos y los desacuerdos mediante arreglos y soluciones que permitan el desarrollo de los actores involucrados sin menoscabo de su integridad física, psicológica y emocional.

Las migraciones, el desarrollo de los pueblos, la explotación de unas naciones por otras y los intereses individuales y de naciones han generado el holocausto y los horrores de las invasiones, el terrorismo y el abuso de poder.

Es por ello que en el marco de las políticas públicas y la educación es urgente crear programas y soluciones que abonen en el campo de la resolución pacífica de los problemas, pugnando por el desarrollo humano reconociendo tipos de soluciones para erradicar la inseguridad, las violencias, la corrupción, la exclusión, las injusticias, los abusos de autoridad, el estrés, la pobreza, el desplazamiento y la destrucción del medio ambiente entre otras muchas realidades.

El tratamiento del conflicto a través del estudio del patrimonio tangible e intangible, el desarrollo humano, el arte, la ética, la filosofía, la psicología y las humanidades en sí, es urgente para el logro de la paz. Esto implica el estudio y análisis profundo de la cultura y la estructura social para develar dónde se origina el conflicto y buscar, desde el derecho, la economía, la historia y en sí de las áreas multidisciplinares la mejor forma de tratarla y prevenirla.

Todas las ciencias y las disciplinas de estudio han nacido de una necesidad, y la necesidad actual es estudiar desde dónde viene la violencia, cómo se manifiesta, para qué y cuáles son los métodos para atenuarla, re dirigirla, re conformarla y erradicarla en su totalidad o en parte aun cuando sea paulatinamente.

Corresponde a la sociedad y sus diversos sectores buscar la forma de acercarse a ella desde una perspectiva propositiva, trasversal y dialéctica para asumirla como problema real y complejo a tratar.

La agudeza informativa que usted merece para estar bien informado. Escúchenos en 89.9FM XEPC @Sonido_Estrella #Zacatecas. Visítenos en http://porticoonline.mx

Panorama Académico

12 de octubre, un hallazgo de dos mundos

Redacción

Publicado

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Por Víctor Manuel Chávez Ríos.

El 12 de octubre de 2018 se conmemoran 526 años del descubrimiento oficial de América, con la llegada de la flota a cargo de Cristóbal Colón a la isla de San Salvador. El término empleado es conmemoración porque algunos festejan con bombo y platillo este lapso y otros se sienten agredidos y apesadumbrados con ella, para no herir susceptibilidades se emplea este término a lo largo de este artículo.

Por principio de cuentas es necesario referirse a lo que se afirma de manera oficial sobre el descubrimiento, ya que existen evidencias de desembarcos vikingos en el extremo norte de América, pero no fueron documentados ni oficializados por la cultura nórdica, quizá fueron sólo naufragios o extravíos de estos grupos de hombres en su afán de conquistar el norte de Europa, pero esto sería tema para otro artículo.

El descubrimiento de América en 1492 fue accidental, en realidad la expedición patrocinada por los reyes católicos, Isabel y Fernando, buscaba encontrar una vía más corta para poder comerciar con el oriente lejano en Europa central, pues los viajes de Marco Polo eran evidencia del éxito de este tipo de expediciones. Esta monarquía española logró el acuerdo con el Vaticano de que los territorios formarían parte de la reconquista morisca y tanto las tierras como los humanos que en ellas habitaran, estarían sujetos a ser evangelizados en la fe católica lo que le daba un salvoconducto nunca antes otorgado a ninguna corona europea.

Hasta donde se sabe Cristóbal Colón no se dio cuenta de la importancia de su fortuito descubrimiento, aunque realizó tres viajes no supo la dimensión del encuentro que se estaba generando en ese momento. Las evidencias de estas expediciones fueron recibidas con asombro, pero se ignoraba que era un nuevo continente, se infería que podía tratarse de islas cercanas a la India y por eso se denominó a los aborígenes: indígenas.

A finales del siglo XV Europa era un territorio agotado en cuanto a la explotación agrícola, ganadera y minera que se evidenciaba en una crisis, tanto de pensamiento como religiosa, económica y social. El Renacimiento como movimiento filosófico y artístico desencadenaba anhelos y pensamientos nunca antes expresados por los europeos, el lugar central de Dios había sido ocupado por el hombre, el cuerpo cubierto durante toda la Edad Media, se desnudaba en las esculturas y pinturas de los artistas italianos y se plasmaba en las bóvedas de las capillas y en los muros de las iglesias.

El pensamiento renacentista dudaba de la creencia que la tierra fuera plana y promovía las expediciones, pero sobre todo motivaba la aventura de los viajes y lograr reconocimiento a esta labor. Cuando la corona española recibió la propuesta de Colón sus arcas estaban vacías por el costo de la reconquista del sur de España para arrancársela a los moros, por tanto, era tentadora la oferta, pero para lograr realizarla era necesario encontrar un apoyo más solvente y el Vaticano resultó ser el aliado perfecto, ya que en esta opción tenía una salida viable para aumentar sus adeptos en otras latitudes.

Europa trajo aportaciones sustanciales para el territorio americano, la cultura occidental se imponía a los naturales mediante la superioridad técnica y el nulo conocimiento de ésta, debió haber sido terrorífico conocer el estruendo de la pólvora, las armaduras metálicas y el empleo de los caballos como armas de asalto. Pero también debió haber sido apabullante conocer un Dios omnipotente y omnipresente que no exigía tributos de sangre y lo perdonaba todo, incluyendo a los conquistadores.

América contribuyó con una gama de posibilidades para Europa, por principio reactivó la economía europea con el flujo de mercancías americanas y el mercadeo de ellas. Sin embargo, estos objetos se fueron integrando a la cultura de las naciones del viejo continente hasta formar un sello distintivo que ahora parece ser ignorado. Por ejemplo, qué sería de la pasta italiana sin el tomate o el chocolate belga sin el cacao, los guisos que tienen a la papa como elemento central o el tabaco al que rápidamente se hicieron aficionados los ciudadanos europeos y que llegó a ser un símbolo de distinción, por citar algunos casos.

América no descubrió a Europa porque era un continente autosuficiente con gran variedad de vegetales, animales, minerales, ecosistemas exuberantes y sin posibilidad de ser agotadas, en su momento, sin embargo, el nuevo mundo sí cautivó y la conquistó al viejo mundo al que imprimió un sello que difícilmente podrá borrarse porque está imbricado ya en la cultura occidental.

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Un dato relevante sobre la Independencia de México

Redacción

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Por Martín Escobedo Delgado

¿Por qué los mexicanos excluimos de nuestro calendario cívico el 27 de septiembre de 1821 y al artífice de la Independencia de México, Agustín de Iturbide?

Los países de habla hispana pertenecientes al continente americano, excepto México, rinden homenaje a sus libertadores. Chile, Argentina, Perú y Colombia —sólo por mencionar algunos ejemplos— celebran a sus respectivos libertadores: Simón Bolívar, José de San Martín y Bernardo O’Higgins, no obstante, en México se honra a quien inició la insurgencia: Miguel Hidalgo. ¿Por qué los mexicanos no ensalzan a su libertador?, ¿por qué para los mexicanos el 27 de septiembre no ha sido una fecha significativa?

Después de que Iturbide logró un gran consenso que derivó en la consumación de la Independencia de México, se le reconoció como Padre de la patria. En los últimos meses de 1821, numerosas publicaciones calificaron al militar como “El nuevo Moisés”, “El rayo de Júpiter”, “La antorcha luminosa del Anáhuac”, “El salvador de la nación”, “El héroe invictísimo” y “El inmortal Libertador”. No había duda: gracias a su astucia política y a su capacidad negociadora, Iturbide había roto las inefables cadenas con las que España subyugaba a México. Por esta hazaña sin parangón, debía rendírsele homenaje y reconocérsele como Libertador.

Sin embargo, al poco tiempo de haberse instaurado el Imperio, se publicó en Filadelfia un libro titulado Bosquejo ligerísimo de la Revolución de México, desde el grito de Iguala, hasta la proclamación imperial de Iturbide, por un verdadero americano, cuya autoría correspondió al guayaquileño Vicente Rocafuerte. La obra mencionada tuvo como principal objetivo denigrar la figura de Iturbide, y vaya que lo logró, porque, posteriormente diversos escritores se basaron en este texto para relatar el proceso de la consumación de la Independencia de la Nueva España otorgándole a Iturbide un rol deleznable, por decir lo menos.

Cuando se refiere al libertador, en una parte de su Bosquejo ligerísimo, Rocafuerte escribió: Iturbide es el “[…] vil americano que ha intentado usurpar la dominación del septentrión, y por lo medios que lo ha conseguido.

Sanguinario, ambicioso, hipócrita, soberbio, falso, verdugo de sus hermanos, perjuro, traidor a todo partido, connaturalizado con la intriga, con la bajeza, con el robo y con la maldad; nunca ha experimentado una sensación generosa; ignorante y fanático, aún no sabe lo que es patria, ni religión, entregado al juego y a las mujeres cuando no está empleado en alguna maldad, sólo se complace en el vicio; sólo tiene por amigos a los hombres más prostituidos, a los más jugadores, a los más infamados por su inmoralidad […]”. Es decir, para Rocafuerte don Agustín de Iturbide era el ser más mezquino de la nueva nación.

Desafortunadamente, esta idea ha prevalecido a través de los años, de tal suerte que en nuestro país la consumación de la Independencia es una fecha anodina e Iturbide un hombre despreciable. No así el 16 de septiembre ni el artífice de “el grito de Dolores”.

Este breve escrito no pretende desaparecer del calendario cívico la celebración que, año con año, los mexicanos realizamos el 16 de septiembre, pero sí concientizar a quienes lo lean para que luchen, luchemos, por incorporar a nuestra agenda de conmemoraciones el 27 de septiembre y, de paso, restituirle el crédito de libertador de México a don Agustín de Iturbide.

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Brasil en Zacatecas, caminar con Clarice Lispector

Redacción

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Por Elsa Leticia García Argüelles

La Literatura Brasileña forma parte de un amplio compendió de autores/as que necesitamos voltear a ver, y quienes precisamos leer dentro del contexto de la Literatura Latinoamericana. De acuerdo a mi trayectoria en la investigación sobre literatura femenina en América Latina, he realizado dos Estancias de Investigación en Río de Janeiro, tanto en el Museo de Literatura Brasileña que pertenece a la Fundación de la Casa de Rui Barbosa y en el Instituto Moreira Salles; mi viajé inició en la búsqueda de un único manuscrito, Un sopro de vida (1977), texto que cierra la narrativa de Lispector.

Cuando lo encontré fue muy conmovedora la sensación de sentirme perdida, de repensar el concepto de autoría de tal libro, después de haber visto fragmentos de hojas y frases que se fueron hilvanando, pedazos de papel. Cada documento que logré revisar era un mundo y una revelación, pero las revelaciones sucedieron de varias formas cuando vi la novela completa de Agua viva (1973).

El hallazgo, clasificación y organización de documentos y archivos de los escritores brasileños contemporáneos me llevó a pensar en la tarea pendiente de México respecto a los archivos de escritores del siglo XX y XXI, los que se encuentran en otros países o que es imposible acceder a ellos, lo que ha dejado lagunas importantes en la investigación y la crítica literaria; además de pensar en la recepción de Clarice en México, en sus temas y sus lectores. Considero que he recorrido un camino privilegiado que me permitió hacer posible un encuentro de un alto nivel académico, ahora me resta agradecer y compartir este camino de aprendizaje y mi relación amorosa con la literatura, lo que yo he llamado mi proyecto de vida. En esta ocasión mi homenaje es para Clarice y este apreciado encuentro entre Brasil y México.

Los días 22 y 23 de agosto se celebró el Coloquio Internacional “Clarice Lispector. Autoría, representaciones y recepción de su obra (Archivos de La Fundación Casa de Rui Barbosa)”, el cual fue un encuentro breve pero muy intenso, pleno y significativo. La intensidad de dicho evento radicó en los investigadores que impartieron las Conferencias Magistrales, quienes trabajan en La Fundación de la casa de Rui Barbosa, importante archivo que ha sido clasificado, organizado, y que cuenta con guías prácticas para todos los investigadores que llegan de diferentes partes del mundo a “pesquisar” sobre Clarice, Carlos Drumond de Andrade, Manuel Bandeiras, entre muchos otros escritores. Las conferencias magistrales fueron en portugués, lo que nos permitió escuchar, entender, y compartir un idioma que enfocó temas sobre Clarice y la historia de un legado cultural y patrimonio intelectual de Brasil, resguardado y organizado de un modo privilegiado, pero además accesible.

Así mismo participaron importantes investigadores que analizaron la obra de Clarice a través de sus cuentos, novelas y literatura infantil, desde muy variadas visiones, ya fuera desde el trabajo de los archivos y los manuscritos, el estudio de novelas claves como Agua Viva y Un Soplo de vida, La pasión según G.H, entre otros títulos. El encuentro llevó dos días de ponencias y trabajos nombrando a Lispector. Tanto el inicio y el final del Coloquio fue generoso en la información, fue amable en la convivencia y siempre tuvo como motivo dar a conocer a la comunidad en general, a los estudiantes, a otros investigadores la obra clariceana: sus retos, diálogos y debates. Sobre todo, fue un evento académico generoso, aunque se pensó en la excelencia también fue gratuito para el público y para los investigadores que nos visitaron. El cierre del encuentro quedó a la maravillosa voz de la Mezzoprano, Sarah Ortíz, quien nos deleitó con canciones latinoamericanas, y yo participé en la lectura de fragmentos del texto Agua viva; mientras veíamos fotografías de la misma Clarice. En realidad, se trató de observar distintas aristas de esta escritora, lo que fue una jornada de conocimiento y luminosidad.

La narrativa de Clarice Lispector parece construirse en un camino de desestructuración; cada palabra, gesto, frase, e idea se descompone, se improvisa, se encuentra en un lugar equivocado, inacabado, mientras la forma es un ejercicio acorde al impulso del lenguaje. No se puede viajar en su prosa sin quedarse al margen, siempre se está inmerso con todo el ser, atrapados como una especie de fuerza centrífuga. La percepción que la misma Clarice plasmó a través de su narrativa y el impulso que la llevó a escribir, con todo el cuerpo y a pesar de él, con su ironía sobre la vida y el dolor que le imponía vivir, con una inmensa felicidad interior, no exenta de una inteligencia que la rebasaba en su pensamiento.

Autora que existe a través de nombrar el mundo que percibe desde la introspección y un decir directo. Desinteresada por los géneros, escribe excelentes cuentos y novelas enigmáticas, que entran y salen de la clasificación tradicional. Escribe con el alma, escribe sobre el ser y la descubierta de su autonomía e integridad frente al mundo, en ese camino cruza con otros discursos que se conectan con el cuerpo, sus límites, sus voces, figuras y silencios. La literatura de Lispector ha sido etiquetada, canonizada, privilegiada por propios y extraños, con una especie de culto a su vida, a ser extrajera, a ser madre, a ser la esposa de un diplomático, a ser una hechicera de la palabra.

La vida de Clarice Lispector se cruza con la ficción, como sostiene Nádia Battella Gotlib en su libro Clarice. Una vida que se cuenta (2007), texto que va tejiendo la descripción crítica y cronológica de su obra junto con los testimonios, fotos, entrevistas y cartas con un acento holístico, buscando la integración de ser persona y escritora. Esta investigación profunda valora diferentes facetas y retoma la vida de Lispector a partir de sus obras, advirtiendo las máscaras y sus rostros, en medio de la controversia y contextos sociales e históricos, desde el abordaje de una biografía literaria: “Y con tanta eficacia practicaba el “parece como si” que, en este juego, nosotros los lectores de su vida y de su obra, a veces nos sentimos engañados, de una manera hasta mágicamente perversa” (Battella, 2007: 13). Los “testimonios” de lectura bordean una narrativa que existe por sí misma, a pesar del proceso creativo y de los avatares de la misma escritora, sigue una trayectoria por lo existencial y la respiración, entre la conciencia del cuerpo y su transfiguración en palabra, entre lo material (intuición de realidad) en la vida cotidiana, y la densidad del pensamiento conceptual.

Lispector, Clarice nació en Ucrania, 1920-1977; nacionalizada brasileña a los veintiún años; de origen judío. Escribe desde niña en Recife, en el nordeste brasileño donde creció. Desde su primea novela Cerca del corazón salvaje (1944) hasta Un soplo de vida. Pulsaciones (1978), publicada posterior a su fallecimiento, gozamos una obra plena de novelas, cuentos y crónicas que seducen al lector.

Al final de esta crónica de “Brasil en Zacatecas, caminar con Clarice”, no me resta más que agradecer a las instituciones que me apoyaron, al público que asistió, a los amigos, a las alumnas, y a los investigadores por la calidad en sus trabajos y la convivencia. Este Coloquio Internacional fue generoso con todos y a mí me deja un importante trabajo por realizar y seguir la ruta de mi investigación desde hace ya un tiempo considerable. Gracias a todos.

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