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Panorama Académico

Aventura e intrigas en el siglo XVI

Redacción

Publicado

en

Por Thomas Hillerkuss

Hacia 1530, en una pequeña villa del arzobispo de Toledo, nació un retoño de una familia de hijosdalgo empobrecida, llamado Antonio de Adrada. Desde pequeño buscó superarse, y de esta manera cursó la escuela hasta los catorce años de edad, cuando tomó la decisión de acompañar a don Francisco de Herrera, general de artillería, a Flandes y a Alemania, primero como paje y finalmente como soldado. En estos dominios lejanos luchó bajo mando del emperador Carlos V contra los ejércitos de los “heréticos y depravados” protestantes y luteranos. Por causas desconocidas, muy joven todavía, renunció a este servicio, regresó a su tierra natal de donde se trasladó a la cercana villa de Madrid, para solicitar licencia de viaje a las Indias Occidentales (América española). Pronto pudo embarcarse a Santo Domingo, de donde pasó a Honduras y Guatemala, en esta época, por su pobreza no exactamente tierras prometidas. Ahí logró integrarse a las oficinas de la Audiencia, con seguridad como escribiente.

En la ciudad de Guatemala le alcanzó su verdadero destino, por lo que en 1562 los magistrados lo enviaron a Guadalajara, en Nueva Galicia, para estudiar teología en el colegio local y en Pátzcuaro (probablemente con los jesuitas) con el fin de hacerse sacerdote diocesano. Se ordenó a fines de 1572 o principios de 1573. El nuevo obispo de Guadalajara, Lic. Francisco Gómez de Mendiola, antiguo oidor en esta ciudad, para estas fechas había descubierto en Antonio habilidades que eran resultado de sus extensas experiencias en el mundo y que a este prelado le parecían de mucho provecho. Por esta razón no le asignó alguna de sus alejadas parroquias sino lo mantuvo cerca, para enviarlo como su visitador a las “Minas ricas” de los Zacatecas, que se hallaban aquejadas por un gran desorden social y moral, con clérigos que se ocupaban más de sus propios negocios que del bienestar de las almas que tenían asignadas. La siguiente tarea fue más delicada todavía: como juez de comisión debía investigar las supuestas condiciones escandalosas que reinaban en varios partidos asignados a los franciscanos, ubicados entre Ameca y Zapotlán (Ciudad Guzmán). No obstante, Adrada en realidad no era más que un alfil, aunque muy fiel a su amo, a quien el prelado pretendía usar para su lucha contra estos religiosos por las feligresías más ricas de su obispado.

Las acusaciones fueron graves: conventos suntuosos e levantados con mano esclava de indios libres, testamentos manipulados a favor de la orden, amantes que radicaban con los mismos frailes en sus conventos, juegos de cartas con altas apuestas, atroces borracheras en cada residencia franciscana e innumerables personas muertas sin confesarse ya que los religiosos se negaron atender a los moribundos en sus hogares. Este expediente y otros más, no menos gravosos, el obispo los envió clandestinamente al Consejo de Indias, sin que éste ni el Rey en algún momento tomaran cartas en el asunto porque sabían de este tipo y otros conflictos parecidos en Indias cuyo trasfondo no era espiritual sino meramente financiero y de esta manera, poco apegados a los preceptos de la Iglesia.

Entretanto, según un proceso inquisitorial, Adrada había ido un paso más lejos todavía. En un noche con lluvias torrenciales, sobre un caballo negro cuyos ojos brillaban con rojo flamante, y disfrazada con un gran sombrero que no permitía ver su cara, una capa negra y con botas como solamente las usaban militares, se presentó en una pobre choza en Pátzcuaro, donde un mozo probaba bocado. Adrada sabía de la buena letra que este muchacho sabía plasmar sobre pergamino, y por eso le exigió redactar dos muy cortos mandamientos, mediante los cuales se ordenaba que dos franciscanos y un jesuita del occidente novohispana, inmediatamente se presentaran ante el Tribunal del Santo Oficio. Como era costumbre, no fue anotada la causa, pero el mismo personaje misterioso firmó ambos con “El inquisidor”, quien en este tiempo era el temido Dr. Pedro Moya de Contreras. Finalmente le lanzó al autor unas monedas, guardó ambos escrito en su moral y desapareció sin despedirse.

Temblando y llenos de miedo los tres “invitados” inmediatamente se presentaron en el portón del “Palacio Negro” en la ciudad de México, donde nadie pudo esconder su sorpresa. Fueron apartaos y el mismo tribunal les pidió no hablar con persona alguna del asunto, porque que se trataba de un delito de suma gravedad y no una simple mala broma, ya que ponía en duda la autoridad de su institución. Mediante meticulosas investigaciones en todo el virreinato, comparación de detalles característicos de la letra usada y la consulta de un sinfín de personas que enseñaban leer y escribir, finalmente un ya muy viejo jesuita de Pátzcuaro reconoció la grafía, guiando a los alguaciles del Tribunal con el sobremencionado mozo que había sido su discípulo y había sido cambiado su residencia a Toluca. Frente a tanto poder, éste confesó de inmediato relatando su experiencia con el hombre misterioso.

Los empleados del Santo Oficio siguieron su descripción y los indicios, y al cabo de algunas unas semanas en Guadalajara tomaron preso a Adrada, a quien llevaron en calidad de reo a las cárceles secretas de la Inquisición en la capital. Ahí le fue abierto proceso donde tuve que enfrentarse a las pruebas. Como era costumbre le ofrecieron clemencia en caso de confesar. Sin embargo, Adrada era hombre de carácter y ni siquiera sufriendo tres duras y largas sesiones de tortura aceptó culpa alguna. A los jueces, consultores y fiscal que formaban el tribunal colegiado, no les quedó de otra que votar la sentencia, como lo era la costumbre. Hubo empate porque incluso Moya de Contreras se declaró por su inocencia, pero faltaba el voto del fiscal, para el desempate. A nadie puede sorprender su voto: “culpable”. No obstante, las dudas no se desvanecieron, y de esta manera el castigo fue excepcionalmente leve: “destierro del arzobispado de México y de los obispados de Michoacán y Nueva Galicia, y guardar el secreto acerca de su caso”. La pista de Adrada se pierde con una solicitud del 26 de mayo de 1576, cuando mediante un escrito redactado en Malinalco (pueblo ubicado en el sur del actual Estado de México) pidió a los inquisidores dejarlo descansar por unas pocas semanas, antes de retomar su camino al destierro, para curarse una de sus muñecas que había sufrido daños durante el suplicio en la cámara de tortura.

A pesar de que el Renacimiento era una época en extremo violenta tanto en Europa como en América, no todo se manejaba sin ley, como se ve en este caso. Igualmente se refleja la larga distancia entre México y la corte en España que no en todos los casos era impedimento para que el rey Felipe II y sus consejeros se enteraran cuáles eran los desarrollos en estas nuevas tierras, para impedir que los grandes antagonistas en América usaran la potestad real para fines poco convenientes para el imperio.

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Panorama Académico

12 de octubre, un hallazgo de dos mundos

Redacción

Publicado

en

Por Víctor Manuel Chávez Ríos.

El 12 de octubre de 2018 se conmemoran 526 años del descubrimiento oficial de América, con la llegada de la flota a cargo de Cristóbal Colón a la isla de San Salvador. El término empleado es conmemoración porque algunos festejan con bombo y platillo este lapso y otros se sienten agredidos y apesadumbrados con ella, para no herir susceptibilidades se emplea este término a lo largo de este artículo.

Por principio de cuentas es necesario referirse a lo que se afirma de manera oficial sobre el descubrimiento, ya que existen evidencias de desembarcos vikingos en el extremo norte de América, pero no fueron documentados ni oficializados por la cultura nórdica, quizá fueron sólo naufragios o extravíos de estos grupos de hombres en su afán de conquistar el norte de Europa, pero esto sería tema para otro artículo.

El descubrimiento de América en 1492 fue accidental, en realidad la expedición patrocinada por los reyes católicos, Isabel y Fernando, buscaba encontrar una vía más corta para poder comerciar con el oriente lejano en Europa central, pues los viajes de Marco Polo eran evidencia del éxito de este tipo de expediciones. Esta monarquía española logró el acuerdo con el Vaticano de que los territorios formarían parte de la reconquista morisca y tanto las tierras como los humanos que en ellas habitaran, estarían sujetos a ser evangelizados en la fe católica lo que le daba un salvoconducto nunca antes otorgado a ninguna corona europea.

Hasta donde se sabe Cristóbal Colón no se dio cuenta de la importancia de su fortuito descubrimiento, aunque realizó tres viajes no supo la dimensión del encuentro que se estaba generando en ese momento. Las evidencias de estas expediciones fueron recibidas con asombro, pero se ignoraba que era un nuevo continente, se infería que podía tratarse de islas cercanas a la India y por eso se denominó a los aborígenes: indígenas.

A finales del siglo XV Europa era un territorio agotado en cuanto a la explotación agrícola, ganadera y minera que se evidenciaba en una crisis, tanto de pensamiento como religiosa, económica y social. El Renacimiento como movimiento filosófico y artístico desencadenaba anhelos y pensamientos nunca antes expresados por los europeos, el lugar central de Dios había sido ocupado por el hombre, el cuerpo cubierto durante toda la Edad Media, se desnudaba en las esculturas y pinturas de los artistas italianos y se plasmaba en las bóvedas de las capillas y en los muros de las iglesias.

El pensamiento renacentista dudaba de la creencia que la tierra fuera plana y promovía las expediciones, pero sobre todo motivaba la aventura de los viajes y lograr reconocimiento a esta labor. Cuando la corona española recibió la propuesta de Colón sus arcas estaban vacías por el costo de la reconquista del sur de España para arrancársela a los moros, por tanto, era tentadora la oferta, pero para lograr realizarla era necesario encontrar un apoyo más solvente y el Vaticano resultó ser el aliado perfecto, ya que en esta opción tenía una salida viable para aumentar sus adeptos en otras latitudes.

Europa trajo aportaciones sustanciales para el territorio americano, la cultura occidental se imponía a los naturales mediante la superioridad técnica y el nulo conocimiento de ésta, debió haber sido terrorífico conocer el estruendo de la pólvora, las armaduras metálicas y el empleo de los caballos como armas de asalto. Pero también debió haber sido apabullante conocer un Dios omnipotente y omnipresente que no exigía tributos de sangre y lo perdonaba todo, incluyendo a los conquistadores.

América contribuyó con una gama de posibilidades para Europa, por principio reactivó la economía europea con el flujo de mercancías americanas y el mercadeo de ellas. Sin embargo, estos objetos se fueron integrando a la cultura de las naciones del viejo continente hasta formar un sello distintivo que ahora parece ser ignorado. Por ejemplo, qué sería de la pasta italiana sin el tomate o el chocolate belga sin el cacao, los guisos que tienen a la papa como elemento central o el tabaco al que rápidamente se hicieron aficionados los ciudadanos europeos y que llegó a ser un símbolo de distinción, por citar algunos casos.

América no descubrió a Europa porque era un continente autosuficiente con gran variedad de vegetales, animales, minerales, ecosistemas exuberantes y sin posibilidad de ser agotadas, en su momento, sin embargo, el nuevo mundo sí cautivó y la conquistó al viejo mundo al que imprimió un sello que difícilmente podrá borrarse porque está imbricado ya en la cultura occidental.

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Panorama Académico

Cultura para la paz

Redacción

Publicado

en

Por Laura Gemma Flores

Si bien la historia de la humanidad ha sido construida a base de una dialéctica de grupos étnicos, naciones, países, polos de desarrollo y guerras intestinas que han configurado la cartografía actual; el contexto contemporáneo exige el análisis y la capacidad de resolución de los conflictos y los desacuerdos mediante arreglos y soluciones que permitan el desarrollo de los actores involucrados sin menoscabo de su integridad física, psicológica y emocional.

Las migraciones, el desarrollo de los pueblos, la explotación de unas naciones por otras y los intereses individuales y de naciones han generado el holocausto y los horrores de las invasiones, el terrorismo y el abuso de poder.

Es por ello que en el marco de las políticas públicas y la educación es urgente crear programas y soluciones que abonen en el campo de la resolución pacífica de los problemas, pugnando por el desarrollo humano reconociendo tipos de soluciones para erradicar la inseguridad, las violencias, la corrupción, la exclusión, las injusticias, los abusos de autoridad, el estrés, la pobreza, el desplazamiento y la destrucción del medio ambiente entre otras muchas realidades.

El tratamiento del conflicto a través del estudio del patrimonio tangible e intangible, el desarrollo humano, el arte, la ética, la filosofía, la psicología y las humanidades en sí, es urgente para el logro de la paz. Esto implica el estudio y análisis profundo de la cultura y la estructura social para develar dónde se origina el conflicto y buscar, desde el derecho, la economía, la historia y en sí de las áreas multidisciplinares la mejor forma de tratarla y prevenirla.

Todas las ciencias y las disciplinas de estudio han nacido de una necesidad, y la necesidad actual es estudiar desde dónde viene la violencia, cómo se manifiesta, para qué y cuáles son los métodos para atenuarla, re dirigirla, re conformarla y erradicarla en su totalidad o en parte aun cuando sea paulatinamente.

Corresponde a la sociedad y sus diversos sectores buscar la forma de acercarse a ella desde una perspectiva propositiva, trasversal y dialéctica para asumirla como problema real y complejo a tratar.

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Panorama Académico

Un dato relevante sobre la Independencia de México

Redacción

Publicado

en

Por Martín Escobedo Delgado

¿Por qué los mexicanos excluimos de nuestro calendario cívico el 27 de septiembre de 1821 y al artífice de la Independencia de México, Agustín de Iturbide?

Los países de habla hispana pertenecientes al continente americano, excepto México, rinden homenaje a sus libertadores. Chile, Argentina, Perú y Colombia —sólo por mencionar algunos ejemplos— celebran a sus respectivos libertadores: Simón Bolívar, José de San Martín y Bernardo O’Higgins, no obstante, en México se honra a quien inició la insurgencia: Miguel Hidalgo. ¿Por qué los mexicanos no ensalzan a su libertador?, ¿por qué para los mexicanos el 27 de septiembre no ha sido una fecha significativa?

Después de que Iturbide logró un gran consenso que derivó en la consumación de la Independencia de México, se le reconoció como Padre de la patria. En los últimos meses de 1821, numerosas publicaciones calificaron al militar como “El nuevo Moisés”, “El rayo de Júpiter”, “La antorcha luminosa del Anáhuac”, “El salvador de la nación”, “El héroe invictísimo” y “El inmortal Libertador”. No había duda: gracias a su astucia política y a su capacidad negociadora, Iturbide había roto las inefables cadenas con las que España subyugaba a México. Por esta hazaña sin parangón, debía rendírsele homenaje y reconocérsele como Libertador.

Sin embargo, al poco tiempo de haberse instaurado el Imperio, se publicó en Filadelfia un libro titulado Bosquejo ligerísimo de la Revolución de México, desde el grito de Iguala, hasta la proclamación imperial de Iturbide, por un verdadero americano, cuya autoría correspondió al guayaquileño Vicente Rocafuerte. La obra mencionada tuvo como principal objetivo denigrar la figura de Iturbide, y vaya que lo logró, porque, posteriormente diversos escritores se basaron en este texto para relatar el proceso de la consumación de la Independencia de la Nueva España otorgándole a Iturbide un rol deleznable, por decir lo menos.

Cuando se refiere al libertador, en una parte de su Bosquejo ligerísimo, Rocafuerte escribió: Iturbide es el “[…] vil americano que ha intentado usurpar la dominación del septentrión, y por lo medios que lo ha conseguido.

Sanguinario, ambicioso, hipócrita, soberbio, falso, verdugo de sus hermanos, perjuro, traidor a todo partido, connaturalizado con la intriga, con la bajeza, con el robo y con la maldad; nunca ha experimentado una sensación generosa; ignorante y fanático, aún no sabe lo que es patria, ni religión, entregado al juego y a las mujeres cuando no está empleado en alguna maldad, sólo se complace en el vicio; sólo tiene por amigos a los hombres más prostituidos, a los más jugadores, a los más infamados por su inmoralidad […]”. Es decir, para Rocafuerte don Agustín de Iturbide era el ser más mezquino de la nueva nación.

Desafortunadamente, esta idea ha prevalecido a través de los años, de tal suerte que en nuestro país la consumación de la Independencia es una fecha anodina e Iturbide un hombre despreciable. No así el 16 de septiembre ni el artífice de “el grito de Dolores”.

Este breve escrito no pretende desaparecer del calendario cívico la celebración que, año con año, los mexicanos realizamos el 16 de septiembre, pero sí concientizar a quienes lo lean para que luchen, luchemos, por incorporar a nuestra agenda de conmemoraciones el 27 de septiembre y, de paso, restituirle el crédito de libertador de México a don Agustín de Iturbide.

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