Conéctate

Panorama Académico

A propósito de elecciones: el nombramiento del primer diputado por Zacatecas

Redacción

Publicado

en

Por Martín Escobedo Delgado

2018 es un año marcado por el proceso electoral. Por primera vez en la historia reciente de México, tendremos elecciones concurrentes, lo que significa la simultaneidad de elecciones federales y locales, elemento que complejiza aún más este ejercicio que está en marcha. Los mexicanos, de acuerdo a nuestro lugar de residencia, elegiremos Presidente de la República, Senadores, Diputados federales, Jefe de gobierno, Gobernador, Diputados locales, Alcaldes, Ayuntamientos y/o Juntas municipales. En medio de la vorágine que representa el proceso electoral en marcha, es preciso hacer un alto para reflexionar sobre el origen de las elecciones en nuestro país y en nuestro estado.

En el periodo novohispano algunos grupos elegían a sus gobernantes a través de asambleas electivas. El ejemplo más común de esta práctica lo constituyen los pueblos de indios, quienes, inmersos en una gran diversidad, designaban anualmente a su gobernador y al consejo que lo auxiliaría en las actividades de gobierno. Estas elecciones —de corte tradicional—, respondieron a las necesidades de dominio de los españoles: desde la Conquista, los peninsulares idearon un mecanismo para que los pueblos de indios se gobernaran dentro del esquema jurisdiccional hispano.

Sin embargo, el primer ejercicio electoral moderno hunde su origen en los años de 1809 y 1810. Es bien sabido que en 1808 el ejército francés al mando de Napoleón Bonaparte invadió la Península Ibérica, forzando la abdicación del rey legítimo Carlos IV y dejando, en consecuencia, la monarquía acéfala. Los españoles que estuvieron en desacuerdo con la ocupación y con la renuncia obligada, reaccionaron en dos sentidos: por un lado, tomaron las armas para combatir al invasor y, por otro, se organizaron políticamente para darle viabilidad al gobierno que se erigió provisionalmente con el objeto de dirigir la resistencia e instituir un órgano político que tomara las riendas de la monarquía.

En esta tesitura se crearon Juntas de gobierno en distintas villas y provincias. Estas Juntas asumieron la soberanía que se había disuelto con la abdicación del rey. Más tarde, para evitar la dispersión del poder, se creó una Junta Central Gubernativa con un carácter provisional. Esta Junta convocó a las provincias peninsulares y a los reinos y capitanías generales de ultramar, a elegir a sus respectivos representantes que se reunirían en Cortes. Esta primera convocatoria no fructificó debido a la, complicada situación por la que atravesaba la monarquía española. No obstante, la idea se mantuvo, por lo que se emitió una segunda convocatoria a cargo del Consejo de Regencia, invitando a las provincias a que eligieran un diputado que las representase en Cortes.

Fue así que el cabildo de Zacatecas, asumiéndose como cabeza de provincia y con base en los puntos de la convocatoria, organizó el primer proceso electoral moderno de la entidad. Para ello, los integrantes del cabildo se reunieron en varias ocasiones en las que discutieron el procedimiento de la elección. Acordaron que se invitaría a las cabeceras subdelegacionales y a las villas de la intendencia para que propusieran candidatos. También convinieron que la elección se realizaría el 27 de junio de 1810. Así, Aguascalientes, Fresnillo, Sombrerete, Sierra de Pinos, Jerez, Villanueva y la ciudad de Zacatecas enviaron su respectiva lista de sujetos que, de acuerdo su criterio, resultaban idóneos para el desempeño del honroso cargo. En total se registraron 34 aspirantes con un perfil letrado e íntegro: 17 doctores, 9 licenciados, 4 bachilleres, 2 militares, 1 noble y 1 religioso franciscano. Los electores —el intendente interino y 6 miembros del cabildo— agotaron dos rondas de votaciones para elegir a una terna, de la que saldría el diputado por Zacatecas. La terna quedó integrada por el Dr. José Félix Flores Alatorre, de Aguascalientes; el Dr. José Ignacio Vélez, de Zacatecas y el Dr. José Miguel Gordoa y Barrios, de Sierra de Pinos.

El siguiente paso de la elección consistió en escribir el nombre de cada candidato de la terna en una papeleta “que enrolladas en forma, se introdujeron en una redoma de cristal, la cual removida una, y muchas veces, y sacada una cedulilla a presencia de los dichos señores […]” se halló que contenía el nombre del Dr. José Miguel Gordoa. Después de muchas vicisitudes, este clérigo pinense llegó al puerto de Cádiz integrándose casi de inmediato al Congreso gaditano, donde desempeñó un brillante papel: formó parte de diferentes Comisiones, subió a la tribuna política más importante de la nación española para defender con vehemencia los intereses de Zacatecas y de la Nueva España y le correspondió clausurar los trabajos legislativos siendo Presidente del Congreso, ocasión en que pronunció un discurso que todavía es recordado por historiadores y estudiosos de la teoría política.

A pesar de los resabios de Antiguo Régimen presentes en esta elección, la importancia de este ejercicio electoral reside en que por vez primera en la monarquía española se convocó a una elección sin que interviniera el rey, se reconoció a las provincias como órganos electorales y se dejó de considerar a los reinos de ultramar —entre ellos a la Nueva España— como “factorías o colonias”, reconociéndolos como “parte integrante y esencial de la monarquía española”, lo que situaba a sus representantes en igualdad de condiciones respecto a los diputados de la Península.

Es importante revisar el pasado para aprender de él. La elección del primer diputado por Zacatecas nos enseña varias cosas: 1) Los representantes del pueblo deben ser personas letradas, 2) Los diputados deben conocer la problemática de sus representados, 3) Cualquier candidato debe tener una trayectoria pública intachable, 4) Al Congreso no se va a levantar el dedo ni a dormir, 5) Tampoco se va al Congreso a seguir los dictados de un partido político, sino a luchar por los intereses de sus representados. Estos criterios los debemos tomar en cuenta el próximo 1 de julio en el momento en que ejerzamos nuestro derecho.

La agudeza informativa que usted merece para estar bien informado. Escúchenos en 89.9FM XEPC @Sonido_Estrella #Zacatecas. Visítenos en http://porticoonline.mx

Panorama Académico

12 de octubre, un hallazgo de dos mundos

Redacción

Publicado

en

Por Víctor Manuel Chávez Ríos.

El 12 de octubre de 2018 se conmemoran 526 años del descubrimiento oficial de América, con la llegada de la flota a cargo de Cristóbal Colón a la isla de San Salvador. El término empleado es conmemoración porque algunos festejan con bombo y platillo este lapso y otros se sienten agredidos y apesadumbrados con ella, para no herir susceptibilidades se emplea este término a lo largo de este artículo.

Por principio de cuentas es necesario referirse a lo que se afirma de manera oficial sobre el descubrimiento, ya que existen evidencias de desembarcos vikingos en el extremo norte de América, pero no fueron documentados ni oficializados por la cultura nórdica, quizá fueron sólo naufragios o extravíos de estos grupos de hombres en su afán de conquistar el norte de Europa, pero esto sería tema para otro artículo.

El descubrimiento de América en 1492 fue accidental, en realidad la expedición patrocinada por los reyes católicos, Isabel y Fernando, buscaba encontrar una vía más corta para poder comerciar con el oriente lejano en Europa central, pues los viajes de Marco Polo eran evidencia del éxito de este tipo de expediciones. Esta monarquía española logró el acuerdo con el Vaticano de que los territorios formarían parte de la reconquista morisca y tanto las tierras como los humanos que en ellas habitaran, estarían sujetos a ser evangelizados en la fe católica lo que le daba un salvoconducto nunca antes otorgado a ninguna corona europea.

Hasta donde se sabe Cristóbal Colón no se dio cuenta de la importancia de su fortuito descubrimiento, aunque realizó tres viajes no supo la dimensión del encuentro que se estaba generando en ese momento. Las evidencias de estas expediciones fueron recibidas con asombro, pero se ignoraba que era un nuevo continente, se infería que podía tratarse de islas cercanas a la India y por eso se denominó a los aborígenes: indígenas.

A finales del siglo XV Europa era un territorio agotado en cuanto a la explotación agrícola, ganadera y minera que se evidenciaba en una crisis, tanto de pensamiento como religiosa, económica y social. El Renacimiento como movimiento filosófico y artístico desencadenaba anhelos y pensamientos nunca antes expresados por los europeos, el lugar central de Dios había sido ocupado por el hombre, el cuerpo cubierto durante toda la Edad Media, se desnudaba en las esculturas y pinturas de los artistas italianos y se plasmaba en las bóvedas de las capillas y en los muros de las iglesias.

El pensamiento renacentista dudaba de la creencia que la tierra fuera plana y promovía las expediciones, pero sobre todo motivaba la aventura de los viajes y lograr reconocimiento a esta labor. Cuando la corona española recibió la propuesta de Colón sus arcas estaban vacías por el costo de la reconquista del sur de España para arrancársela a los moros, por tanto, era tentadora la oferta, pero para lograr realizarla era necesario encontrar un apoyo más solvente y el Vaticano resultó ser el aliado perfecto, ya que en esta opción tenía una salida viable para aumentar sus adeptos en otras latitudes.

Europa trajo aportaciones sustanciales para el territorio americano, la cultura occidental se imponía a los naturales mediante la superioridad técnica y el nulo conocimiento de ésta, debió haber sido terrorífico conocer el estruendo de la pólvora, las armaduras metálicas y el empleo de los caballos como armas de asalto. Pero también debió haber sido apabullante conocer un Dios omnipotente y omnipresente que no exigía tributos de sangre y lo perdonaba todo, incluyendo a los conquistadores.

América contribuyó con una gama de posibilidades para Europa, por principio reactivó la economía europea con el flujo de mercancías americanas y el mercadeo de ellas. Sin embargo, estos objetos se fueron integrando a la cultura de las naciones del viejo continente hasta formar un sello distintivo que ahora parece ser ignorado. Por ejemplo, qué sería de la pasta italiana sin el tomate o el chocolate belga sin el cacao, los guisos que tienen a la papa como elemento central o el tabaco al que rápidamente se hicieron aficionados los ciudadanos europeos y que llegó a ser un símbolo de distinción, por citar algunos casos.

América no descubrió a Europa porque era un continente autosuficiente con gran variedad de vegetales, animales, minerales, ecosistemas exuberantes y sin posibilidad de ser agotadas, en su momento, sin embargo, el nuevo mundo sí cautivó y la conquistó al viejo mundo al que imprimió un sello que difícilmente podrá borrarse porque está imbricado ya en la cultura occidental.

Seguir leyendo

Panorama Académico

Cultura para la paz

Redacción

Publicado

en

Por Laura Gemma Flores

Si bien la historia de la humanidad ha sido construida a base de una dialéctica de grupos étnicos, naciones, países, polos de desarrollo y guerras intestinas que han configurado la cartografía actual; el contexto contemporáneo exige el análisis y la capacidad de resolución de los conflictos y los desacuerdos mediante arreglos y soluciones que permitan el desarrollo de los actores involucrados sin menoscabo de su integridad física, psicológica y emocional.

Las migraciones, el desarrollo de los pueblos, la explotación de unas naciones por otras y los intereses individuales y de naciones han generado el holocausto y los horrores de las invasiones, el terrorismo y el abuso de poder.

Es por ello que en el marco de las políticas públicas y la educación es urgente crear programas y soluciones que abonen en el campo de la resolución pacífica de los problemas, pugnando por el desarrollo humano reconociendo tipos de soluciones para erradicar la inseguridad, las violencias, la corrupción, la exclusión, las injusticias, los abusos de autoridad, el estrés, la pobreza, el desplazamiento y la destrucción del medio ambiente entre otras muchas realidades.

El tratamiento del conflicto a través del estudio del patrimonio tangible e intangible, el desarrollo humano, el arte, la ética, la filosofía, la psicología y las humanidades en sí, es urgente para el logro de la paz. Esto implica el estudio y análisis profundo de la cultura y la estructura social para develar dónde se origina el conflicto y buscar, desde el derecho, la economía, la historia y en sí de las áreas multidisciplinares la mejor forma de tratarla y prevenirla.

Todas las ciencias y las disciplinas de estudio han nacido de una necesidad, y la necesidad actual es estudiar desde dónde viene la violencia, cómo se manifiesta, para qué y cuáles son los métodos para atenuarla, re dirigirla, re conformarla y erradicarla en su totalidad o en parte aun cuando sea paulatinamente.

Corresponde a la sociedad y sus diversos sectores buscar la forma de acercarse a ella desde una perspectiva propositiva, trasversal y dialéctica para asumirla como problema real y complejo a tratar.

Seguir leyendo

Panorama Académico

Un dato relevante sobre la Independencia de México

Redacción

Publicado

en

Por Martín Escobedo Delgado

¿Por qué los mexicanos excluimos de nuestro calendario cívico el 27 de septiembre de 1821 y al artífice de la Independencia de México, Agustín de Iturbide?

Los países de habla hispana pertenecientes al continente americano, excepto México, rinden homenaje a sus libertadores. Chile, Argentina, Perú y Colombia —sólo por mencionar algunos ejemplos— celebran a sus respectivos libertadores: Simón Bolívar, José de San Martín y Bernardo O’Higgins, no obstante, en México se honra a quien inició la insurgencia: Miguel Hidalgo. ¿Por qué los mexicanos no ensalzan a su libertador?, ¿por qué para los mexicanos el 27 de septiembre no ha sido una fecha significativa?

Después de que Iturbide logró un gran consenso que derivó en la consumación de la Independencia de México, se le reconoció como Padre de la patria. En los últimos meses de 1821, numerosas publicaciones calificaron al militar como “El nuevo Moisés”, “El rayo de Júpiter”, “La antorcha luminosa del Anáhuac”, “El salvador de la nación”, “El héroe invictísimo” y “El inmortal Libertador”. No había duda: gracias a su astucia política y a su capacidad negociadora, Iturbide había roto las inefables cadenas con las que España subyugaba a México. Por esta hazaña sin parangón, debía rendírsele homenaje y reconocérsele como Libertador.

Sin embargo, al poco tiempo de haberse instaurado el Imperio, se publicó en Filadelfia un libro titulado Bosquejo ligerísimo de la Revolución de México, desde el grito de Iguala, hasta la proclamación imperial de Iturbide, por un verdadero americano, cuya autoría correspondió al guayaquileño Vicente Rocafuerte. La obra mencionada tuvo como principal objetivo denigrar la figura de Iturbide, y vaya que lo logró, porque, posteriormente diversos escritores se basaron en este texto para relatar el proceso de la consumación de la Independencia de la Nueva España otorgándole a Iturbide un rol deleznable, por decir lo menos.

Cuando se refiere al libertador, en una parte de su Bosquejo ligerísimo, Rocafuerte escribió: Iturbide es el “[…] vil americano que ha intentado usurpar la dominación del septentrión, y por lo medios que lo ha conseguido.

Sanguinario, ambicioso, hipócrita, soberbio, falso, verdugo de sus hermanos, perjuro, traidor a todo partido, connaturalizado con la intriga, con la bajeza, con el robo y con la maldad; nunca ha experimentado una sensación generosa; ignorante y fanático, aún no sabe lo que es patria, ni religión, entregado al juego y a las mujeres cuando no está empleado en alguna maldad, sólo se complace en el vicio; sólo tiene por amigos a los hombres más prostituidos, a los más jugadores, a los más infamados por su inmoralidad […]”. Es decir, para Rocafuerte don Agustín de Iturbide era el ser más mezquino de la nueva nación.

Desafortunadamente, esta idea ha prevalecido a través de los años, de tal suerte que en nuestro país la consumación de la Independencia es una fecha anodina e Iturbide un hombre despreciable. No así el 16 de septiembre ni el artífice de “el grito de Dolores”.

Este breve escrito no pretende desaparecer del calendario cívico la celebración que, año con año, los mexicanos realizamos el 16 de septiembre, pero sí concientizar a quienes lo lean para que luchen, luchemos, por incorporar a nuestra agenda de conmemoraciones el 27 de septiembre y, de paso, restituirle el crédito de libertador de México a don Agustín de Iturbide.

Seguir leyendo

Lo más visto