Conéctate

Panorama Académico

Lo peor de nosotros

Redacción

Publicado

en

Por Alberto Ortiz

Un elemento esencial del desarrollo cognitivo consiste en el incremento progresivo de la capacidad crítica. Parte de su evolución opera en el seno familiar, los ejemplos y formas de razonamiento que imitamos pueden construirla. También es importante que el contexto social posibilite caminos de análisis crítico, o en su defecto que el individuo los genere mediante el acuerdo gregario. Los objetivos generales de la educación básica pretenden formar individuos cuya práctica intelectual y vida cotidiana asuma esta cualidad humanística.

Pero no es sencillo ejercerla. Especialmente frente a los mitos nacionalistas y menos aún frente a las propias convicciones. Hoy en día enfrentamos acontecimientos que ponen en entredicho la identidad mexicana, cualquier cosa que esto signifique. El estado de guerra que enfrentamos diariamente y el escaso valor que concedemos a las emisiones culturales masivas muestran al mundo restante lo peor de la idiosincrasia nacional. Y no son las únicas versiones de nuestros defectos. Tampoco es que importe demasiado el “qué dirán” internacional.

El mundo puede sobrevivir sin México, otros producirán telebasura, otros traficarán drogas, otros trabajarán alquilando sus brazos. El asunto es que la trascendencia nos compete y exige aquí y ahora. Estamos obligados a pensar. ¿Qué hay en el morbo del exhibicionismo patético que lo promovemos tanto? ¿Es mejor aparecer en el escenario como personajes ridículos, malvados o indolentes que no figurar en el reparto mundial?

Considérense dos figurines que lanzamos constantemente a la crítica interna y externa: la violencia y la ridiculez. El primer aspecto está levantando un sitio bélico alrededor del ciudadano común y parece no terminar. La violencia brutal, instintiva y ofensiva ha cubierto los espacios operativos del ratero ocasional, el marihuano subrepticio, el celoso asesino, y el político voraz, pero también ha ido más allá, transformando el hecho violento en fenómeno maligno, borrando toda posibilidad de coherencia, Thomas de Quincy estaría estupefacto.

A estas alturas el genocidio violento mexicano presenta la dimensión caótica de la cacería de brujas (siglos XVI y XVII), de los campos de concentración alemanes, del destierro estepario soviético y de las matanzas gubernamentales de estudiantes. Existen claras equivalencias en formas, fines y significados alrededor del terror, pero no adjudicables a procesos religiosos o políticos, sino al dinero. La solución parece fácil de emitir, el reparto equitativo de la riqueza disminuiría el problema hasta hacerlo manejable. Como eso no va a pasar, esta absurda guerra, sin argumentos válidos ni objetivos insurgentes, continuará.

El segundo aspecto nos desnuda descaradamente, programas televisivos vinculados a la explotación del ridículo están de regreso, aunque en realidad siempre estuvieron presentes. Personas aparentemente normales se prestan para ser expuestos con tal de conseguir cinco minutos de fama en la caja idiotizante. Señoras de colonia apretujadas por la ignorancia lloran sus traumas infantiles, empleados eventuales se indignan ante la ineficacia del machismo, jóvenes marginados del mercado y la educación agreden a su familia, matrimonios por conveniencia confunden sus roles, madres renuncian a sus hijos, hombres niegan paternidades; de todo hay, el más inocente de los ejemplos televisados es culpable de dejarse victimizar, los más ingenuos confían en nefastos mesías irascibles, los menos probos son ofendidos en cadena nacional.

La actuación improvisada, el escándalo, la obscenidad, termina siendo un entramado falaz que muestra qué tan “desgraciados” somos los mexicanos. Cada caso parece estar protagonizado por personajes planos y dedicados a regodearse en su iniquidad, ante la iracunda o magnánima mirada, según convenga, de un juez omnipotente que todo lo resuelve o enreda por obra y gracia de la cámara. A diferencia de las miserias que el testigo hace y dice, el juez enuncia su moral ejemplar, su bondad extrema, su integridad a prueba. Cultura, identidad, tradición, creencia, nada de eso sirve, no hay análisis crítico de la sociedad, sino el ridículo, la exageración, el insulto, el desprecio. Reunidos actores y recursos técnicos, el resultado adquiere relevancia social, las reformas económicas y políticas pueden esperar, pero no el vilipendio al vecino.

Ambos aspectos están en televisión, educando, proclamando su sinsentido bajo el sistema del rating y la ganancia económica. Por otro lado pueden ser material de primera mano para reflexionar acerca del destino y la administración del país, pero los foros están amenazados o cerrados ante las urgencias de la sobrevivencia. El debate general tiene apenas unos cuantos interlocutores y sus argumentos no pueden competir contra la realidad brutal y la necesidad cotidianas. No hay pensamiento crítico con dolor o hambre.

Violencia ridícula y ridículo violento están normando el criterio de las nuevas generaciones. Ya los profesores de primaria pueden desgañitarse junto a Ausbel y Vigotski enseñando a discutir un tema en clase, la voz chillona de cualquier conductor de talk show que pronuncie mal el idioma o la manta colgada en el periférico con faltas de ortografía, conseguirán en los alumnos más aprendizaje significativo que todos sus planes didácticos,. Ellos no supieron que serían suplantados por la realidad maligna, sólo querían formar hombres críticos.

La agudeza informativa que usted merece para estar bien informado. Escúchenos en 89.9FM XEPC @Sonido_Estrella #Zacatecas. Visítenos en http://porticoonline.mx

Panorama Académico

12 de octubre, un hallazgo de dos mundos

Redacción

Publicado

en

Por Víctor Manuel Chávez Ríos.

El 12 de octubre de 2018 se conmemoran 526 años del descubrimiento oficial de América, con la llegada de la flota a cargo de Cristóbal Colón a la isla de San Salvador. El término empleado es conmemoración porque algunos festejan con bombo y platillo este lapso y otros se sienten agredidos y apesadumbrados con ella, para no herir susceptibilidades se emplea este término a lo largo de este artículo.

Por principio de cuentas es necesario referirse a lo que se afirma de manera oficial sobre el descubrimiento, ya que existen evidencias de desembarcos vikingos en el extremo norte de América, pero no fueron documentados ni oficializados por la cultura nórdica, quizá fueron sólo naufragios o extravíos de estos grupos de hombres en su afán de conquistar el norte de Europa, pero esto sería tema para otro artículo.

El descubrimiento de América en 1492 fue accidental, en realidad la expedición patrocinada por los reyes católicos, Isabel y Fernando, buscaba encontrar una vía más corta para poder comerciar con el oriente lejano en Europa central, pues los viajes de Marco Polo eran evidencia del éxito de este tipo de expediciones. Esta monarquía española logró el acuerdo con el Vaticano de que los territorios formarían parte de la reconquista morisca y tanto las tierras como los humanos que en ellas habitaran, estarían sujetos a ser evangelizados en la fe católica lo que le daba un salvoconducto nunca antes otorgado a ninguna corona europea.

Hasta donde se sabe Cristóbal Colón no se dio cuenta de la importancia de su fortuito descubrimiento, aunque realizó tres viajes no supo la dimensión del encuentro que se estaba generando en ese momento. Las evidencias de estas expediciones fueron recibidas con asombro, pero se ignoraba que era un nuevo continente, se infería que podía tratarse de islas cercanas a la India y por eso se denominó a los aborígenes: indígenas.

A finales del siglo XV Europa era un territorio agotado en cuanto a la explotación agrícola, ganadera y minera que se evidenciaba en una crisis, tanto de pensamiento como religiosa, económica y social. El Renacimiento como movimiento filosófico y artístico desencadenaba anhelos y pensamientos nunca antes expresados por los europeos, el lugar central de Dios había sido ocupado por el hombre, el cuerpo cubierto durante toda la Edad Media, se desnudaba en las esculturas y pinturas de los artistas italianos y se plasmaba en las bóvedas de las capillas y en los muros de las iglesias.

El pensamiento renacentista dudaba de la creencia que la tierra fuera plana y promovía las expediciones, pero sobre todo motivaba la aventura de los viajes y lograr reconocimiento a esta labor. Cuando la corona española recibió la propuesta de Colón sus arcas estaban vacías por el costo de la reconquista del sur de España para arrancársela a los moros, por tanto, era tentadora la oferta, pero para lograr realizarla era necesario encontrar un apoyo más solvente y el Vaticano resultó ser el aliado perfecto, ya que en esta opción tenía una salida viable para aumentar sus adeptos en otras latitudes.

Europa trajo aportaciones sustanciales para el territorio americano, la cultura occidental se imponía a los naturales mediante la superioridad técnica y el nulo conocimiento de ésta, debió haber sido terrorífico conocer el estruendo de la pólvora, las armaduras metálicas y el empleo de los caballos como armas de asalto. Pero también debió haber sido apabullante conocer un Dios omnipotente y omnipresente que no exigía tributos de sangre y lo perdonaba todo, incluyendo a los conquistadores.

América contribuyó con una gama de posibilidades para Europa, por principio reactivó la economía europea con el flujo de mercancías americanas y el mercadeo de ellas. Sin embargo, estos objetos se fueron integrando a la cultura de las naciones del viejo continente hasta formar un sello distintivo que ahora parece ser ignorado. Por ejemplo, qué sería de la pasta italiana sin el tomate o el chocolate belga sin el cacao, los guisos que tienen a la papa como elemento central o el tabaco al que rápidamente se hicieron aficionados los ciudadanos europeos y que llegó a ser un símbolo de distinción, por citar algunos casos.

América no descubrió a Europa porque era un continente autosuficiente con gran variedad de vegetales, animales, minerales, ecosistemas exuberantes y sin posibilidad de ser agotadas, en su momento, sin embargo, el nuevo mundo sí cautivó y la conquistó al viejo mundo al que imprimió un sello que difícilmente podrá borrarse porque está imbricado ya en la cultura occidental.

Seguir leyendo

Panorama Académico

Cultura para la paz

Redacción

Publicado

en

Por Laura Gemma Flores

Si bien la historia de la humanidad ha sido construida a base de una dialéctica de grupos étnicos, naciones, países, polos de desarrollo y guerras intestinas que han configurado la cartografía actual; el contexto contemporáneo exige el análisis y la capacidad de resolución de los conflictos y los desacuerdos mediante arreglos y soluciones que permitan el desarrollo de los actores involucrados sin menoscabo de su integridad física, psicológica y emocional.

Las migraciones, el desarrollo de los pueblos, la explotación de unas naciones por otras y los intereses individuales y de naciones han generado el holocausto y los horrores de las invasiones, el terrorismo y el abuso de poder.

Es por ello que en el marco de las políticas públicas y la educación es urgente crear programas y soluciones que abonen en el campo de la resolución pacífica de los problemas, pugnando por el desarrollo humano reconociendo tipos de soluciones para erradicar la inseguridad, las violencias, la corrupción, la exclusión, las injusticias, los abusos de autoridad, el estrés, la pobreza, el desplazamiento y la destrucción del medio ambiente entre otras muchas realidades.

El tratamiento del conflicto a través del estudio del patrimonio tangible e intangible, el desarrollo humano, el arte, la ética, la filosofía, la psicología y las humanidades en sí, es urgente para el logro de la paz. Esto implica el estudio y análisis profundo de la cultura y la estructura social para develar dónde se origina el conflicto y buscar, desde el derecho, la economía, la historia y en sí de las áreas multidisciplinares la mejor forma de tratarla y prevenirla.

Todas las ciencias y las disciplinas de estudio han nacido de una necesidad, y la necesidad actual es estudiar desde dónde viene la violencia, cómo se manifiesta, para qué y cuáles son los métodos para atenuarla, re dirigirla, re conformarla y erradicarla en su totalidad o en parte aun cuando sea paulatinamente.

Corresponde a la sociedad y sus diversos sectores buscar la forma de acercarse a ella desde una perspectiva propositiva, trasversal y dialéctica para asumirla como problema real y complejo a tratar.

Seguir leyendo

Panorama Académico

Un dato relevante sobre la Independencia de México

Redacción

Publicado

en

Por Martín Escobedo Delgado

¿Por qué los mexicanos excluimos de nuestro calendario cívico el 27 de septiembre de 1821 y al artífice de la Independencia de México, Agustín de Iturbide?

Los países de habla hispana pertenecientes al continente americano, excepto México, rinden homenaje a sus libertadores. Chile, Argentina, Perú y Colombia —sólo por mencionar algunos ejemplos— celebran a sus respectivos libertadores: Simón Bolívar, José de San Martín y Bernardo O’Higgins, no obstante, en México se honra a quien inició la insurgencia: Miguel Hidalgo. ¿Por qué los mexicanos no ensalzan a su libertador?, ¿por qué para los mexicanos el 27 de septiembre no ha sido una fecha significativa?

Después de que Iturbide logró un gran consenso que derivó en la consumación de la Independencia de México, se le reconoció como Padre de la patria. En los últimos meses de 1821, numerosas publicaciones calificaron al militar como “El nuevo Moisés”, “El rayo de Júpiter”, “La antorcha luminosa del Anáhuac”, “El salvador de la nación”, “El héroe invictísimo” y “El inmortal Libertador”. No había duda: gracias a su astucia política y a su capacidad negociadora, Iturbide había roto las inefables cadenas con las que España subyugaba a México. Por esta hazaña sin parangón, debía rendírsele homenaje y reconocérsele como Libertador.

Sin embargo, al poco tiempo de haberse instaurado el Imperio, se publicó en Filadelfia un libro titulado Bosquejo ligerísimo de la Revolución de México, desde el grito de Iguala, hasta la proclamación imperial de Iturbide, por un verdadero americano, cuya autoría correspondió al guayaquileño Vicente Rocafuerte. La obra mencionada tuvo como principal objetivo denigrar la figura de Iturbide, y vaya que lo logró, porque, posteriormente diversos escritores se basaron en este texto para relatar el proceso de la consumación de la Independencia de la Nueva España otorgándole a Iturbide un rol deleznable, por decir lo menos.

Cuando se refiere al libertador, en una parte de su Bosquejo ligerísimo, Rocafuerte escribió: Iturbide es el “[…] vil americano que ha intentado usurpar la dominación del septentrión, y por lo medios que lo ha conseguido.

Sanguinario, ambicioso, hipócrita, soberbio, falso, verdugo de sus hermanos, perjuro, traidor a todo partido, connaturalizado con la intriga, con la bajeza, con el robo y con la maldad; nunca ha experimentado una sensación generosa; ignorante y fanático, aún no sabe lo que es patria, ni religión, entregado al juego y a las mujeres cuando no está empleado en alguna maldad, sólo se complace en el vicio; sólo tiene por amigos a los hombres más prostituidos, a los más jugadores, a los más infamados por su inmoralidad […]”. Es decir, para Rocafuerte don Agustín de Iturbide era el ser más mezquino de la nueva nación.

Desafortunadamente, esta idea ha prevalecido a través de los años, de tal suerte que en nuestro país la consumación de la Independencia es una fecha anodina e Iturbide un hombre despreciable. No así el 16 de septiembre ni el artífice de “el grito de Dolores”.

Este breve escrito no pretende desaparecer del calendario cívico la celebración que, año con año, los mexicanos realizamos el 16 de septiembre, pero sí concientizar a quienes lo lean para que luchen, luchemos, por incorporar a nuestra agenda de conmemoraciones el 27 de septiembre y, de paso, restituirle el crédito de libertador de México a don Agustín de Iturbide.

Seguir leyendo
Publicidad
Publicidad
Publicidad

Síguenos en Facebook

Síguenos en Twitter

Publicidad

Lo más visto