Opinión

¿Feliz día del maestro?

Por: Juan Carlos Girón Enriquez

Cuando se conmemora un día mas del maestro, después de los embates que sufre el sector educativo por la reforma laboral y la reforma educativa y el nuevo modelo educativo, la pregunta obligada sería ¿Tenemos algo que festejar?

La educación es un tema en el que no se debe perder la objetividad, lo que necesariamente implica tener consciencia de que no hacemos todo bien o todo mal, habrá cosas buenas que se pueden aprovechar al máximo pero también hay cosas no tan buenas que habría que mejorar.

Dicho lo anterior y sin ánimo de ofender, es necesario decir que no todos los maestros son buenos así como tampoco son todos malos, criminalizar la labor educativa y decir que la reforma educativa era urgente porque los maestros no hacían bien su trabajo, es evadir la responsabilidad en el eslabón mas débil de la cadena educativa.

Para que alguien haga bien su trabajo se requiere, necesariamente, contar con los medios de comunicación adecuados para que eso suceda, y por lo tanto es necesario contar con la infraestructura, los materiales, los recursos materiales y humanos que permitan que la labor docente se lleve a cabo en óptimas condiciones.

Por otro lado se encuentra la familia que se ha convertido mas en un obstáculo que en un apoyo para la labor educativa, en gran medida, porque se pretende que las deficiencias educativas del hogar se corrijan en la escuela; los centros escolares se han convertido mas en una guardería que en un espacio educativo, porque la actividad económica y el dinamismo social han hecho cada día mas complejas las relaciones familiares.

También es necesario tomar en consideración las necesidades afectivas, alimenticias y cognitivas del destinatario de la política educativa. Es innegable que un niño mal alimentado, que carece de cariño, afecto y atención necesaria en el hogar, difícilmente dará los resultados planteados o planeados por el docente en el aula.

Si a todo lo anterior agregamos la apatía de los directivos, la falta de capacidad de las autoridades, el deficiente perfil de quienes diseñan las reformas y las estrategias educativas, entonces el resultado es más que claro, tenemos una política educativa, derivada de una reforma educativa y respaldada por una reforma laboral que difícilmente resolverá el atraso educativo en el que se encuentra el país.

La propuesta es muy sencilla, mejoremos las condiciones de las escuelas, mejores aulas, mejores herramientas de trabajo, no necesariamente vinculadas a la tecnología, dichas herramientas deben deser acorde a la realidad social, al entorno que rodea al menor y que le permita desarrollas habilidades para mejorar su entorno social.

También es importante mejorar las condiciones laborales de los docentes, que no se sientan amenazados por las condiciones institucionales en las que se encuentran o que sientan que su trabajo pende de un hilo o de un examen hecho sin vinculación o pertinencia social.

Por último mejorar las condiciones de la infancia, no se trata de seguir divulgando sus derechos, sino hacerlos conscientes también de sus responsabilidades, sus obligaciones, tanto en el núcleo familiar como en el educativo, lo que traerá como consecuencia la corresponsabilidad de los padres en el proceso educativo.

Lo que no le gusta al gobierno es que para implementar estas sencillas ideas se requiere dinero, recurso económico para mejorar la infraestructura educativa, dinero para llevar materiales didácticos adecuados a los preescolares, primarias, secundarias y preparatorias del país, dinero para mejorar los desayunos escolares y llevar a cabo campañas de educación y concientización de la relación padres e hijos, docentes y alumnos, padres y docentes.

Lamentable que cuando se trata de dinero, es lo único que el Estado no esta dispuesto a aportar.

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